Por Fernando
Bertello - El dólar soja, en el marco del dólar agro, que, según les anticipó
el Gobierno a los exportadores, se ubicará en un tipo de cambio a $300, llevará
del 36% al 48% lo que los productores reciben en su bolsillo del valor
internacional del grano. Este valor, no obstante, quedará lejos del 100% de lo
que cobran los productores de países vecinos que no sufren descuentos por las
retenciones (33%) ni tampoco afrontan los efectos de la brecha cambiaria.
En pesos, el
productor local tendría una mejora en torno del 30% en el precio. En tanto,
entre los economistas hay voces que sostienen que, si ingresaran unos US$5000 a
US$6000 millones con la venta de la oleaginosa ya disponible, esto podría
cubrir solo entre un mes y medio de la necesidad de dólares del Banco Central
(BCRA).
“Un FOB argentino
hoy de soja de US$590 menos gastos de fobbing (costo de exportación) de US$20
por tonelada, con un dólar libre, da un equivalente de $228.000 la tonelada”,
calculó el productor Santiago del Solar, que luego profundizó: “Si es $300 por
dólar, se pagaría aproximadamente unos $110.700 por tonelada [contra unos
$87.000 que se vino registrando], o sea, menos de la mitad del precio
internacional, sin derechos de exportación y dólar libre”, añadió el productor.
En rigor, según Del
Solar, de un 36% del valor internacional se saltaría a un 48%. Si bien el
productor argentino tendría la mejora en pesos señalada que representa casi un
30%, Del Solar advirtió sobre la baja que se produjo por la noticia del nuevo
dólar para el sector en la posición abril del Matba-Rofex a US$369 en lugar de
US$400. “La ventana estrecha [para la medida que se extenderá del 10 de abril
del actual al 31 de mayo próximo] le deja al exportador la posibilidad de
comprar más barato, por eso no va a pagar US$400”, apuntó.
Entre los analistas
hay diversas opiniones sobre la efectividad del nuevo tipo de cambio. No lo
consideran una política estructural. Como mucho puede llegar a ser un aliciente
para los productores afectados por la sequía e, incluso, no alcanzará para
dotar de suficientes reservas al BCRA.
“Es un aliciente,
un dato positivo para aquel [productor] que todavía tiene existencia [de
granos]; le sirve al que en este ciclo está teniendo muchos problemas; va a
compensar parte de la pérdida. Desde ese lugar ayuda al que tenga granos, no al
que perdió la cosecha. Es una política bien de corto plazo”, explicó Juan
Manuel Garzón, economista del Ieral, de la Fundación Mediterránea.
Según completó el
economista del think tank, la medida “no cambia el escenario en términos del
incentivo de invertir, eso quedará para el próximo gobierno”.
En tanto, luego
agregó: “Desde la macro es una apuesta para ver si se pueden traer algunos
dólares, no hay quien reemplace al agro”. Para Garzón, hay entre cinco y ocho
millones de toneladas de soja del ciclo agrícola pasado, al margen de lo que
vaya ingresando de la cosecha en marcha, que en el plazo que dure el nuevo
dólar podrían aportar entre US$5000 y US$6000 millones.
Pese a ese número,
Garzón aclaró que por la sequía las pérdidas rondarán entre US$18.000 y
US$20.000 millones y lo que ingrese “no va a alcanzar” para las necesidades del
Banco Central. “No compensa [la pérdida de ingresos]”, apuntó el especialista.
Señaló además que esto alcanzaría para “un mes y medio o dos” de las
necesidades del BCRA. Se preguntó si, ante este panorama, el Gobierno hacia
junio o julio irá por un dólar soja 4.0.
Raúl Víctores,
productor, expresó su opinión sobre el mecanismo que se anunciará hoy. “No
cambia absolutamente nada. Te limita pasar por la puerta del banco”, dijo. Se
refirió así al encarecimiento del financiamiento que mantiene desde el año
pasado el BCRA a quienes conserven stock de soja.
Para Ernesto
Ambrosetti, consultor en agronegocios, la medida genera distorsiones. Así lo
explicó: “Si bien se produce un beneficio esporádico a los productores de soja,
esta medida distorsiona el mercado de granos, concentra las ventas, aumenta los
costos de los alimentos balanceados para la producción de carnes y altera el
valor de los arrendamientos”, dijo el economista.
“El dólar soja 3
obliga a las empresas exportadoras a adelantar los derechos de exportación al
realizar las declaraciones juradas de ventas al exterior, en un efecto puerta
12 que implica la utilización de recursos en forma adelantada a la venta/
compra de granos concentrada en los próximos 50 días, con el costo financiero
que ello conlleva y en un escenario que las tasas han aumentado en nuestro país
y en el mundo. Por otra parte, se debilita aún más el Banco Central, ya que se
tienen que emitir pesos para compensar la diferencia entre el dólar oficial y
el dólar soja, y a su vez esta mayor emisión debe ser esterilizada para evitar
un mayor impulso a la inflación”, analizó Ambrosetti.
Para este
consultor, “la medida de fondo debería ser la unificación del tipo de cambio y
la suspensión de los derechos de exportación en, por lo menos, seis meses”.
Federación
Agraria
En tanto, en un
duro comunicado, la Federación Agraria Argentina (FAA) le pidió al Gobierno que
no avance con la medida vinculada con el dólar soja.
“Sería un completo
y absoluto error. Liso y llano. Una equivocación imperdonable. Lo dijimos mil
veces, y lo reiteramos una más, porque parece que el interlocutor no lo
entiende (¿o sí, y sigue eligiendo castigarnos?). Se trata de una medida que
nos afecta a todos los productores, en especial a los pequeños y medianos, que
nos impacta de lleno en la línea de flotación, en medio de los tremendos
efectos de diversas inclemencias climáticas (sequía histórica, granizadas y
heladas) que no solo no pudimos resolver aún, sino que todavía no se efectivizó
casi ninguna de las medidas de apoyo que anunció (y también más de una vez) el
Gobierno”, dijo FAA.
Agregó:
“Seguramente haya amigos del poder que ganen con esta medida. Y el mismo Estado
pueda aliviarse con algunos dólares. Pero todo esto es a costa de nosotros.
Porque no solo no tenemos dólares ni producción para vender para beneficiarnos,
sino que, como ya dijimos en las ediciones anteriores, esta medida
distorsionaría todo el escenario en el que sobrevivimos quienes producimos.
Provocaría subas en los arriendos, en los precios de los alimentos y
fertilizantes. Complicaría así a pequeños ganaderos, tamberos, agricultores
tradicionales, agricultores familiares, y a todos los productores de las
economías regionales”.• |