Por Hernán
Cappiello - Juntos por el Cambio ya sabe cuál es la Corte Suprema que desea si
regresa al gobierno tras las elecciones y, también, la manera de relacionarse
con el Poder Judicial: en principio, hay consenso en que no se propondrá
ampliar la Corte Suprema de Justicia, en que se cubrirán vacantes con mujeres,
en que no se alterará el número de integrantes del Consejo de la Magistratura
para obtener mayorías circunstanciales y en que se buscará otro modo de
relacionarse de manera institucional con la Justicia, sin cometer errores del
pasado.
Un grupo de trabajo
técnico integrado por cuatro fundaciones de los diversos partidos que conforman
Juntos por el Cambio trabaja desde hace un año en un documento conjunto de
acuerdos programáticos.
En ese documento
compartido, que ya reúne más de 70 páginas y se alimenta en reuniones
presenciales y mediante el intercambio en grupo de chat de WhatsApp, están
trabajando la Fundación Pensar, de Pro; Martín Casares, exfuncionario del
Ministerio de Justicia; la Fundación Alem, del radicalismo, con Ricardo Gil
Lavedra en los inicios y ahora con Miguel Piedecasas y el exdiputado Gustavo
Menna; la Fundación Hannah Arendt, de Lilita Carrió, con la diputada Mariana
Stilman, y el exconsejero Ricardo Fargosi, por Encuentro Republicano Federal,
de Miguel Ángel Pichetto.
En la Fundación
Pensar, a cargo de Franco Moccia y Francisco Quintana, a su vez, trabaja un
equipo de Justicia, coordinado por Casares, que nuclea a todas las fuerzas del
espacio: el exministro Germán Garavano; Gabriel Astarloa, procurador del Tesoro
de Horacio Rodríguez Larreta; Gustavo Ferrari, exministro de María Eugenia
Vidal, y Pablo Nocetti, exfuncionario de Patricia Bullrich.
En este trabajo se
expresaron las bases que luego se convertirán en políticas públicas para la
Justicia. En las discusiones hubo debate, autocrítica, cambios de rumbo, mea
culpa y promesas de cosas que no deberían ocurrir nunca más. No se discute en
ese ámbito el nombre del posible ministro de Justicia, si aún no hay definido
un candidato a presidente en el espacio. Sin embargo, todos tienen postulantes
in pectore.
Por lo pronto,
ninguno de los sectores propuso la ampliación de la Corte. Al contrario, se
piensa en mantenerla con su actual integración, cubriendo con otra mujer la
vacante que dejó la jubilación de Elena Highton. En el caso del juez Juan
Carlos Maqueda, que este año cumple 75 años, si no desea continuar pidiendo un
nuevo acuerdo al Senado, el consenso es que su vacante debería ser cubierta por
otra mujer.
Ese perfil de jueza
debería ser intachable, que interprete el derecho de manera acorde con los
cambios que tiene que hacer el país, pero más que nada con un perfil
independiente. “Una postulación como la que hizo Néstor Kirchner con la jueza
Carmen María Argibay”, dijo una fuente de la coalición opositora.
Debe ser una mujer
con altos estándares éticos, democráticos, independiente del Estado, de grupos
de presión y factores de poder, producto de un alto consenso. Lo mismo para la
designación del procurador general de la Nación, una tarea que es difícil en Juntos
por el Cambio, ya que una hipotética victoria electoral no le daría la mayoría
como para nombrar un postulante sin negociar con el Frente de Todos. En
privado, algunos le dan larga vida a la gestión de Eduardo Casal, el procurador
interino desde 2017.
La cobertura de las
vacantes en la Justicia, donde los postulantes ya fueron elegidos por el
Consejo de la Magistratura y sus pliegos están en el Senado o en el Poder
Ejecutivo, es el primer tema urgente, prioritario, en el documento compartido
que redacta Juntos por el Cambio. “La prioridad es que no quede nada en el
Ejecutivo ni en el Senado”, acordaron. En cuanto al número de jueces de la
Corte, nadie llevó a la mesa ampliar la cantidad de sus integrantes. Pro tiene
la idea de hacer algo diferente al gobierno actual y promover que no va a haber
cambios en la cantidad de integrantes de los organismos de gobierno del Poder
Judicial. Aun cuando eso involucre al Consejo de la Magistratura. Hubo
discusiones internas en este aspecto, pero primó la idea de exhibir una muestra
de estabilidad.
“La Argentina
necesita que las instituciones permanezcan y darles tiempo de hacer su trabajo.
Es necesario mantener la Corte, dejar que funcione unos años, ya demostró que
puede ser desfavorable a Cambiemos y al Frente de Todos, demostró su
independencia, dejemos que fije sus criterios jurídicos”, fue el planteo que
les transmitió el exministro Garavano a Horacio Rodríguez Larreta y a Patricia
Bullrich.
Con respecto al
perfil de la Corte en un gobierno de Juntos por el Cambio, un dirigente
radical, que no integra esta mesa de debate, sino que desde afuera siempre tuvo
una mirada sobre la Justicia, reivindicó con vehemencia la necesidad de un
tribunal que respalde las políticas de gobierno duras, y eventualmente
impopulares, que debería tomar la oposición en caso de llegar al gobierno. Sin
embargo, esta mirada fue rechazada por integrantes de la mesa que redacta el
documento programático de Juntos por el Cambio. Allí dicen que quieren una
Corte que sea antes que nada independiente e intérprete de la Constitución
nacional.
“Ser parte de la
conversación”
Otro dirigente, en
este caso de Pro y que tampoco integra la mesa, pero es consultor habitual en
temas de Justicia, aporta una mirada nueva: “Los jueces tienen que ser parte de
la conversación sobre qué país queremos, sobre los grandes temas del país”.
Propone diálogos
regionales, con diversas cámaras o magistrados, para explicar proyectos
estratégicos para el desarrollo y encontrar la manera de que su estatus
jurídico no choque con normas legales, de modo de evitar que una medida
cautelar termine por poner palos en la rueda en esas políticas de Estado que el
gobierno considera necesarias. El modo de relacionarse con el Poder Judicial es
otro de los temas de debate que generaron autocrítica. “Los gobiernos quisieron
someter al Poder Judicial y fracasaron. Incluso Juntos por el Cambio, con la
mesa judicial, no le fue bien. Intentaron que fuera una herramienta del Poder
Ejecutivo, pero la cabeza del Judicial es diferente porque sobrevive a los
gobiernos, es permanente, y por eso no funciona con la misma lógica de poder”,
se sinceró un dirigente del espacio que no es de los redactores del documento.
Los “gestores
judiciales” que abundaron en Juntos por el Cambio son mala palabra en el documento
programático, aunque muchos de estos “operadores” sigan activos buscando
soluciones no necesaria y exclusivamente para dirigentes de Cambiemos en
problemas con la ley.
Un dirigente de
Pro, que no participa de estos diálogos, propone que el trato con la Justicia
debería ser similar al del Ejecutivo con el Poder Legislativo, generar un marco
de acuerdos, con vínculos de poder a poder, trabajando en reformas funcionales
(que hagan trabajar mejor a la Justicia y que la hagan más creíble) y no en
reformas estructurales que busquen licuar la incidencia de la Justicia Federal
de Comodoro Py y, por ejemplo, multiplicar juzgados.
Por eso ese
dirigente habló de que son prioritarias en esta idea la Justicia Civil, la
Justicia vecinal, la del consumidor, que son las que están cerca de la gente,
antes que priorizar la reforma de la Justicia Federal Penal en los casos de
corrupción de funcionarios. Se habla de oralizar la Justicia Civil, Laboral,
atacar la falta de celeridad y de transparencia en los procesos, ir contra los
sistemas burocráticos, incluso sin necesidad de cambiar los códigos, sino
acordando procesos. Los expertos de Juntos por el Cambio acuñaron un mantra en
el documento: “Los funcionarios deben abstenerse de atacar a magistrados y
criticar los fallos”. Claro que una vez en el poder es difícil de cumplir. Los
ejemplos en el gobierno anterior son numerosos.ß
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