Por Gustavo Ybarra
- Como un animal herido y acorralado, Cristina Kirchner intenta defender a los
manotazos el control del Senado, el último bastión de poder que le queda en
medio de la crisis política que atraviesa el gobierno que ella forjó hace ya
cuatro años y que hasta los propios comparan con el Titanic, imagen que por
trillada no deja de ser gráfica de la realidad que transita el oficialismo.
En realidad, los
hechos demostraron la semana pasada que la vicepresidenta ya no controla la
Cámara alta. Sin la oposición en el recinto, la sesión se cayó por falta de
quorum. La catarsis posterior de los senadores kirchneristas, que se quedaron en
el recinto para realizar expresiones en minoría por orden de Cristina Kirchner,
no hizo más que desnudar la impotencia del oficialismo.
Sin embargo,
Cristina Kirchner logró su principal cometido. Evitó que una alianza
circunstancial de la principal bancada opositora, Juntos por el Cambio, con los
peronistas disidentes de Unidad Federal hiciera funcionar el Senado sin su
venia, aun cuando ambos bloques opositores sumaban 37 senadores, una mayoría
ajustada pero suficiente para imponerse en las votaciones. “Estuvo cerca, pero
logramos pararlos”, confió a este diario un senador oficialista.
Para alcanzar su
cometido, la vicepresidenta apeló a una amañada interpretación del Reglamento
de la Cámara alta que terminó con los dos bloques opositores abandonando el recinto
en rechazo de las pretensiones del oficialismo de exigir una mayoría calificada
de dos tercios para modificar el orden de tratamiento de los temas que iban a
discutirse en la sesión del pasado jueves.
Sin embargo,
Cristina Kirchner le quitó el cuerpo a la maniobra, dejando en manos de sus
legisladores el mal trago de llevar las relaciones con la oposición al borde de
la ruptura. En esta oportunidad, la que ejecutó la jugada fue la senadora
oficialista Claudia Ledesma (Santiago del Estero), presidenta provisional del
Senado, quien condujo la sesión. La vicepresidenta siguió las alternativas
desde su despacho.
Impericia
opositora
Pero no todo el
mérito del éxito de la jugada fue de Cristina Kirchner. La oposición también
ayudó con su impericia a que la vicepresidenta lograra evitar los títulos en
los “medios hegemónicos” sobre la pérdida de control del Senado que tanto le
disgustan.
No hubo un solo
senador de Juntos por el Cambio al que se le ocurriera someter la controversia
al voto del pleno del Senado, que es el que tiene la última palabra a la hora
de interpretar su propio reglamento. “Puede ser que nos hayamos dormido”,
admitió uno de los líderes del conglomerado opositor.
Parece que no
aprendieron de la propia Cristina Kirchner, que cada vez que quiso imponer y
blindar ante las objeciones alguna decisión controvertida en los últimos tres
años apeló a la mayoría oficialista para respaldarla con votos en el recinto.
Fue el método que
usó en noviembre último al insistir, como parte de su pulseada con la Corte
Suprema, en su intención de quedarse con tres de los cuatro representantes del
Senado ante el Consejo de la Magistratura, para lo cual pergeñó la división en
dos nuevos bloques de la bancada del Frente de Todos.
La partición del
bloque, ejecutada en abril del año pasado, había sido declarada inválida por el
máximo tribunal en octubre. Sin embargo, un mes después la vicepresidenta hizo
aprobar por el pleno del cuerpo y ya no por un decreto de la Presidencia, como
establece la ley, la designación del rionegrino Martín Doñate como consejero
por el bloque de Unidad Ciudadana.
Pero los tiempos
cambiaron. A fines de febrero, la tropa oficialista sufrió la sangría de cuatro
senadores que, por diferentes motivos, pegaron un portazo y se unieron con la
cordobesa Alejandra Vigo, esposa del gobernador Juan Schiaretti, para formar un
conglomerado de peronistas disidentes que alejó de manera definitiva al
oficialismo de la mayoría necesaria para manejar los tiempos del Senado.
Fue el golpe de
gracia para Cristina Kirchner, que, ya sin número para controlar el
funcionamiento de la Cámara alta, debió apelar a los artilugios reglamentarios
del último jueves para bloquear los engranajes del Senado y, sobre todo,
impedir una derrota política pública y humillante.
La oposición
promete volver a la carga con el objetivo de terminar la tarea que, admiten,
quedó a medio camino. Más allá de la declaración posterior de Juntos por el
Cambio, jactándose de que “Cristina Kirchner perdió el control del Senado”,
reconocen que tienen por delante el desafío de poner en marcha la Cámara alta y
evitar que siga convertida en un páramo legislativo, como viene ocurriendo
desde el 16 de noviembre pasado, cuando celebró su última sesión.
El kirchnerismo, en
tanto, sabe que tendrá que resistir mientras no obtenga el visto bueno para
sentarse a negociar una sesión con la oposición, algo que la vicepresidenta dio
claras muestras de que no está dispuesta a aceptar. Mientras tanto, seguirán
acusando a la oposición por la parálisis del Senado. “Es la única forma que nos
queda de cohesionar a la tropa”, confesó un senador kirchnerista, consciente de
que cambió la mano. |