Por Joaquín
Lanfranchi - El nuevo dólar agro y la unificación de los tipos de cambio para
importar, medidas que el ministro Sergio Massa anunciará pasado mañana, serían
insuficientes para compensar los menores ingresos de divisas por la sequía, de
acuerdo con economistas. Si bien ayudarían en parte a mitigar la caída de reservas,
no alcanzarían para cubrir los US$20.000 millones que se perderán por
exportaciones.
Tras la última
flexibilización del programa del Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobada
el viernes pasado –que consistió en la liberación automática de un nuevo
desembolso por US$5400 millones–, crece la expectativa por el detalle de las
medidas cambiarias que anunciará el ministro de Economía, Sergio Massa, con el
objetivo de contener la sangría de reservas y paliar las consecuencias de la sequía
más severa en casi 100 años.
El paquete de
medidas será anunciado pasado mañana, según pudo saber la nacion, y consiste en
tres ejes: el incentivo a las exportaciones a través de un dólar agro que
incorpore a las vapuleadas economías regionales, además del sector sojero; una
simplificación del Sistema de Importaciones de la República Argentina (SIRA), a
fin de unificar los denominados dólar “Coldplay”, “Qatar” o “Tecno”, y, en
tercer lugar, abrir la puerta al acceso a un mayor financiamiento por parte de
organismos multilaterales.
Según trascendió de
fuentes oficiales, el acuerdo alcanzado con el Fondo reduce el objetivo de
reservas netas del Banco Central en $2000 millones para este año (la meta
quedaría en US$1400 millones en el primer trimestre y en US$7000 millones en el
año. Los datos se conocerán cuando el FMI publique el informe definitivo del
staff, esta semana.
Sin embargo, si
bien las medidas contribuirían en parte a mitigar los niveles críticos de
reservas en lo inmediato, los economistas advierten que los anuncios no
alcanzarían para compensar las pérdidas de exportaciones por la sequía.
De acuerdo con un
informe de la consultora Ecolatina, “los avances en la negociación con el FMI
para relajar la meta de reservas del primer trimestre en US$3500 millones y la
del cuarto trimestre en US$2000 millones constituyen leves paliativos frente a
una caída en las exportaciones agrícolas que rozaría los US$20.000 millones
esta campaña, equivalentes a cuatro meses de importaciones”. Además, en la
consultora precisaron que este año el financiamiento neto (pagos menos
desembolsos) con el FMI sería negativo, por primera vez desde 2018, en una
cifra aproximada de US$4500 millones, equivalentes a casi un mes de
importaciones.
“Frente a este
panorama, y sin acceso a los mercados internacionales de crédito para intentar
suavizar este shock transitorio [por la sequía], el ahorro en importaciones
energéticas y los ingresos adicionales que se consigan por la cuenta financiera
(mayores préstamos de OFI, swaps, inversiones desde China, etc.) estarán lejos
de neutralizar este impacto”, pronosticó Ecolatina. En ese sentido,
relativizaron el impacto del próximo “dólar agro”, ya que “si bien podría traer
algo de alivio de corto plazo en el frente externo, no habrá margen para flexibilizar
sostenidamente las restricciones a las importaciones, sino más bien lo
contrario”.
Medidas de bajo
impacto
Jorge Vasconcelos,
de la Fundación Mediterránea, expresó que el dólar agro constituye “una clara
señal de las urgencias dominantes”. Dijo: “El eventual impacto de corto plazo
del adelantamiento de exportaciones difícilmente pueda mover el amperímetro en
cuanto al racionamiento de importaciones”. Y agregó: “Estimamos que las
autorizaciones de importaciones no energéticas oscilarán entre US$3000 y
US$3500 millones por mes para el periodo marzooctubre, frente a un promedio de
importaciones no energéticas del orden de los US$6000 millones por mes para
igual periodo de 2022”.
De esta manera, el
ajuste acentuaría las tendencias recesivas e inflacionarias, si se toma en
cuenta que en el inicio de 2023 las importaciones no energéticas rondaron los
US$4000 millones.
En cuanto a la
brecha cambiaria, otro de los síntomas de una macroeconomía en crisis, pero que
se vio relativamente estabilizada durante las últimas semanas, Vasconcelos lo
atribuyó a dos factores: “Primero, a la absorción de pesos determinada por las
ventas netas de dólares en el mercado oficial de cambios por parte del Banco
Central, con saldo negativo de US$2000 millones en marzo, y segundo, a las
ventas en el mercado del dólar libre (MEP y CCL) efectuadas por los chacareros
para cumplir compromisos”.
“Con el dólar agro
es de esperar una vuelta a la emisión monetaria a cambio de ingreso de esas
divisas y menor venta de dólar CCL por parte de los chacareros. Por ende, la
irrupción de esta nueva medida no es garantía de una brecha cambiaria en
descenso”, afirmó el economista, quien además no descarta que, dado el
contexto, pueda haber un desdoblamiento cambiario.
Santiago Manoukian,
de Ecolatina, insistió en la efectividad relativa del paquete de medidas
oficiales. “Nada va a neutralizar los efectos negativos sobre la economía,
entonces el Gobierno va a tratar de administrar una recesión que ya es
inevitable para que tenga el menor impacto posible”, analizó.
Y destacó: “Hay una
necesidad de adelantar la liquidación porque el exiguo stock de reservas obliga
a llevar calma en el corto plazo para tratar de correr la expectativa de que va
a haber una devaluación del tipo de cambio oficial. Es decir, no se están
generando divisas nuevas, sino adelantando liquidaciones y eso es inconsistente
intertemporalmente. Beneficia ahora y complica para después. Pan para hoy,
hambre para mañana”.
Con todo, Manoukian
reforzó la importancia de que el Gobierno actúe con celeridad. “Ante los
rumores que circulan, hay que aplicar las medidas lo mas rápido posible, si no
[los productores] van a seguir postergando las ventas como en la primera parte
del año, con el desplome de la liquidación del sector, que cayó 65%”,
concluyó.ß |