Sábado 1 - Por Rafael Mathus Ruiz corresponsal En EE.UU. - WASHINGTON.– El Fondo
Monetario internacional (FMI) aprobó la última flexibilización de su programa
con la argentina, un alivio crítico para el Gobierno en el prólogo de la
campaña presidencial para contener la sangría de reservas y tratar de sostener
la frágil estabilidad de la economía, muy sacudida por la sequía.
El directorio
ejecutivo del Fondo aprobó ayer en Washington la cuarta revisión del acuerdo de
facilidades extendidas (EFF, según sus siglas en inglés) de la argentina,
confirmó el organismo en un escueto comunicado. la decisión liberó de manera
automática un nuevo desembolso por USD 5.400 millones, que elevó el total de
fondos recibidos en el marco del programa vigente, aprobado hace un año, a casi
USD 29.000 millones.
Por el impacto de
la sequía, el Gobierno solicitó al Fondo una reducción de la meta anual de
acumulación de reservas para este año. aunque el FMI no brindó detalles en su
comunicado –el tradicional comunicado trabajado en conjunto con el país fue
postergado sin motivo aparente–, la aprobación por parte del board del
acuerdo técnico entre el staff y el Gobierno, anunciado días atrás,
indica que el pedido fue aceptado. El Fondo había descartado en varias
ocasiones alterar las metas del programa, pero ahora no tuvo más remedio que
avalar una nueva modificación –las metas trimestrales ya se habían cambiado
antes– ante el duro impacto de la sequía y la amenaza de que una devaluación
aguda exacerbe la inflación –que ya está arriba del 100% anual– aumente la
pobreza y deteriore aún más la situación social.
con todo, el
impacto del giro en las reservas del Banco central fue inferior al desembolso.
El motivo es que el dinero enviado por el Fondo termina eventualmente
encontrando su camino de regreso a Washington cuando se realizan los pagos de
los vencimientos de la deuda por alrededor de USD 45.000 millones que tomó la
administración de Mauricio Macri. De hecho, fuentes del Banco central confirmaron
a La Nación que el nuevo giro del Fondo redundó en una suba de las reservas de
USD 2.500 millones como efecto neto luego de un pago al organismo.
la aprobación del board
llegó luego de que se supo que el banco central tuvo que vender en marzo el
mayor volumen de reservas desde igual mes de 2018, cuando comenzó a ganar
volumen la corrida cambia ria que forzó al gobierno de Macri –también golpeado
por la sequía de ese año– a regresar al Fondo. El central cerró su peor primer
trimestre en intervenciones de los últimos 20 años. El nuevo respaldo a la
argentina y a la política económica del Gobierno llegó días después de la
reunión que mantuvieron el presidente Alberto Fernández y el de Estados Unidos,
Joe Biden, en la casa Blanca. Pese a ceder otra vez, el Fondo había reiterado
en las últimas semanas algunas de las advertencias, ya añejas, acerca de la
necesidad de implementar políticas macroeconómicas más “sólidas”, un recurso al
que ha recurrido el organismo para dejar en claro que el plan del oficialismo
–bautizado por sus críticos como el “Plan llegar”– es insuficiente para
encarrilar la economía y lograr una baja sustancia en el alza del costo de
vida.
En el Salón oval de
la casa Blanca, el presidente Alberto Fernández le había pedido a Biden que
mantenga el respaldo en el Fondo y en otros organismos internacionales en medio
de la fuerte sequía, la peor en los registros desde 1929, justamente para
“llegar” al año entrante. Fernández, quien se mostró como un “aliado absoluto”
de Biden, condenó además sin miramientos la “invasión” de Rusia a Ucrania (el
Fondo aprobó también ayer un crédito para el gobierno de Volodimir Zelensky)
y ambos coincidieron en que existe una “gran oportunidad” para profundizar el
vínculo económico.
Fernández le
transmitió a Biden la necesidad “armar un puente que nos permita llegar al año
entrante” y transcurrir los próximos meses con “más tranquilidad”.
El ministro de
Economía, Sergio Massa, viajó a Washington para sumarse a la comitiva presidencial
y se reunió en el Fondo con la número dos, Gita Gopinath, quien presidió la
reunión del board porque Kristalina Georgieva viajó esta semana a china.
Massa regresó a la argentina –previo paso por Miami, donde brindó una charla en
la cumbre Priority, que reúne a líderes globales, funcionarios, académicos y
empresarios– con la certeza de que este año conseguirá nuevos fondos frescos de
los organismos multilaterales por alrededor de USD 3.000 millones, uno de los
pilares de la estrategia del Palacio de Hacienda para evitar un desmadre mayor
en la economía.
además de esa
inyección de liquidez, Massa también anunciará un tipo de cambio más alto para
alentar la liquidación de productos agroindustriales y de las economías
regionales, un dólar agro, heredero del dólar soja. El Fondo se había opuesto
originalmente a esa medida, pero ante el golpe de la sequía terminó aceptándola
para sumar reservas a las alicaídas arcas del Banco central.
El aval a las
medidas hetedoroxas que ha implementado el Gobierno y la eventual
flexibilización del programa vuelven a reafirmar la notable predisposición que
ha tenido el Fondo para acompañar a la argentina. Quienes mejor conocen la
historia del Fondo en Washington señalan que desde hace rato el organismo se ha
mostrado más flexible que en los 80 o los 90. Pero también colocan el programa
vigente con la argentina en otra dimensión: es muy difícil encontrar otros
planes donde se haya otorgado un margen semejante. El programa con el Fondo ha
sido duramente criticado por economistas, que lo consideran demasiado “laxo” y
apuntan a la falta de reformas estructurales para atacar los problemas de fondo
que el país arrastra desde hace varios años.
la docilidad que ha
mostrado el Fondo tiene varias raíces. Pero la crisis de la pandemia del
coronavirus y la invasión de Rusia a Ucrania terminaron jugando a favor de la
argentina. En un mundo abrumado por las crisis, es lógico que Estados Unidos y
el resto de las potencias del G-7, que controlan el directorio del Fondo,
busquen evitar más problemas, en particular un default de un soberano con el
organismo que vela por la estabilidad de la economía global. |