Por Javier Blanco -
La deuda remunerada del Banco Central llegó a $12,03 billones (datos del jueves
pasado) y creció así 147% en un año, bien por encima de la inflación. El
pasivo, comúnmente llamado “bola de Leliq”, por esos títulos de deuda, era de
$1,09 billones al asumir la presidencia Alberto Fernández.
La deuda remunerada
que asumió el Banco Central (BCRA) por retirar del mercado buena parte de los
pesos que emitió “de más” durante los últimos años (es decir, sin que hubiera
demanda en contrapartida) marcó el último jueves un nuevo récord nominal al superar
los $12 billones (cerró ese día en $12,035 billones).
Es un pasivo
conocido como la “bola de Leliq”, aunque está compuesto en $9,47 billones de
esos títulos y suplementado por otros 2,6 billones en pases pasivos (préstamos
de muy corto plazo); que multiplica ya por 2,375 veces el tamaño de la base
monetaria (en apenas $5,07 billones) y que –dado su alto y creciente costo–
adquirió la capacidad de replicarse cada 5 meses.
Hace solo un año
(el 23 de marzo de 2022) estaba en $4,86 billones, cifra que muestra que
aumentó 147% en el último año, bien por encima de la inflación general
acumulada en ese período. Es decir, ya ni la inflación galopante la licúa.
Los datos oficiales
muestran que la gravosa “playa de estacionamiento” del BCRA está cada vez más
concurrida. Eso es porque, lejos de dejar de emitir pesos, lo ha seguido
haciendo y mucho, aunque por vía indirecta, es decir, sin violar formalmente la
limitación impuesta por el FMI en el acuerdo.
Por ejemplo, al
lanzarlos al mercado para tratar –en vano– de sostener los precios de los bonos
de la deuda o para mantener regularizada esta deuda, lo que ya lo obliga a
emitir unos $750.000 millones por mes.
Y vale notar que
esto se da aun cuando, a su vez, está retirando, en lo que va de marzo, unos
$300.000 millones del mercado, por los más de US$1600 millones que lleva
vendidos de sus reservas en el mes (drenaje que continuó ayer al sacrificar
otros US$74 millones en intervenciones).
El sostenido
aumento está relacionado con una demanda privada de pesos que no reacciona, por
lo que la monetización de la economía se encuentra en niveles paupérrimos.
El nuevo récord fue
sarcásticamente saludado por el economista Diego Giacomini. “El problema
monetario más grande de la Argentina, que se traduce en el problema macro más
importante y significará más problemas de dólar e inflación en 2023/24 que en
2022/21, cumplió años: ¡Felices $12 billones, señoritas Leliqs y pases! Y
pensar que los economistas, cuando van de gira por los medios, siguen hablando
del déficit primario. Hablan del resfrío y parecen ignorar el cáncer”, sostuvo
–crítico con sus colegas– en relación con el creciente déficit cuasi fiscal y
el estado patrimonial del ente monetario.
“El BCRA no tiene
ninguna inversión genuina para pagar los intereses de su pasivo. Solo le da a
la maquinita para hacerlo, estafando con inflación a los otros. En definitiva,
con las Leliq lo único que se hizo fue ‘relanzar el Ponzi de las Lebac’”,
alerta el economista Ramiro Castiñeira, director de la consultora Econométrica,
en alusión a las similitudes con la deuda que, en definitiva, financió la
corrida cambiaria en tiempos de Macri.
Los datos muestran
que esta deuda tomó una dimensión tal que neutraliza la política de
esterilización que –culposa– intenta desarrollar la conducción del Central. Es
que se trata de una deuda básicamente alimentada por ella misma: es decir, por
el elevado y creciente costo que representa su mantenimiento desde que las
tasas se empinaron para no quedar tan desacopladas con la desbordante y
persistente inflación.
Para entender esto,
solo hay que reparar en un dato: durante enero, el BCRA debió pagar a los
bancos $702.329 millones en concepto de intereses para mantenerla regularizada,
un monto seis veces superior a los apenas $116.077 millones que había abonado
en igual mes de 2022.
La “bola de Leliq”
es una deuda que el ente monetario tiene asumida con bancos y a la que el
actual presidente Alberto Fernández había calificado en su campaña 2019 de
“usurera”, cuando rondaba los $1,09 billones en total. Siguiendo esa
caracterización, incluso, había prometido que los intereses que generaba (por
unos $80.000 millones mensuales en medio de esa campaña) serían destinados a
financiar un aumento generalizado de las jubilaciones.
Es decir, es un
pasivo que se multiplicó por poco más de 11 veces en su gestión, aunque ahora
pasó a ignorarlo. Y que condiciona cualquier plan antiinflacionario futuro.
Su aumento se
acelera en un contexto complejo: cuando las reservas netas (en torno de los
US$1000 millones) y aun las brutas del BCRA (próximas a perforar los US$37.000
millones) no dejan de caer.
Es un deterioro que
ni siquiera el esperado desembolso de US$5300 millones que mantiene pendiente
desde hace algunas semanas el FMI podría detener. Ocurre que ese ingreso se
usará para pagarle a ese organismo amortizaciones por alrededor de US$2600
millones (que vencieron el 21 y 22 de este mes) además de “realizar nuevos
pagos de capital por casi U$S1300 millones el 7 de abril y por cerca de U$S650
millones el 14 y el 28 de abril. De esta manera, el efecto del desembolso será
efímero y se agotará hacia fin del mes que viene”, recordó la consultora
Delphos Investment.
Desde el BCRA
insisten en el argumento que su titular, Miguel Pesce, ya hizo público en
agosto pasado al intentar justificar que esta deuda sea récord casi
mensualmente. “Las Leliq ahora respaldan el ahorro de las empresas y familias
argentinas”, sostuvo entonces en una nota pública.
También recuerdan
que su mayor crecimiento se registró como producto de la estrategia que el
Gobierno usó para combatir la pandemia “y la asistencia que le obligó a prestar
al Tesoro nacional para que socorra a personas y empresas”.
Pero la última suba
de tasas dispuesta (y la que se espera si el Indec certifica próximamente una
aceleración de la inflación) agrava este problema, ya que “impacta
negativamente en el déficit cuasi fiscal, lo que dificulta la baja de la
inflación”, dice el economista Leonardo Chialva. “El déficit cuasi fiscal
probablemente supere el 7% del PBI este año (4,3% del PBI en 2022), máximo
nivel desde los 80. Y los intereses ya generan una base monetaria en menos de 5
meses, lo que incrementa permanentemente la liquidez del sector privado”,
advierte.
El combo de
noticias parece haber pulverizado la calma que había vuelto a ganar a los
ahorristas locales en dólares en los últimos 8 meses y medio: después del
anuncio del canje forzoso para los organismos públicos retiraron de los bancos
depósitos por unos US$48 millones por jornada, lo que hizo retroceder el stock
total de esta colocaciones entre lunes y martes de la semana pasada de
US$16.380 millones a US$16.284 millones. Es una caída leve, algo menor al 0,6%
del total depositado, pero que se registra cuando estas colocaciones estaban
estabilizadas y no habían mostrado retrocesos semejantes por dos jornadas en lo
que iba de marzo. |