Por Mariano
Boettner - Mientras la agenda económica se centra en las dificultades de la
coyuntura más urgente, entre la redefinición de los objetivos del
acuerdo con el Fondo Monetario en medio de la sequía y la falta de
dólares, un grupo de técnicos del Gobierno trabajó el último año en un plan
productivo de largo plazo que incluirá “metas sociales”: crear 350
mil empleos registrados por año y bajar la pobreza al 18% a
2030. El plan, que lleva como nombre Argentina Productiva 2030, fue
difundido por la Secretaría de Industria y su titular, José de Mendiguren,
aseguró que buscará discutirlo con la oposición.
El programa, que
fue presentado a pocos días de que se conozca el índice de pobreza oficial del
2022, consta de once propuestas de desarrollo industrial sectorial
para empujar a algunos de los rubros productivos con mayor capacidad de
incremento de exportaciones. La falta crónica de dólares, aseguran los
autores del trabajo, aparece como el problema principal que explica el
estancamiento de la economía. Para contrarrestar ese efecto, hace un año
presentaron los lineamientos de trabajo del plan 2030 y este martes hicieron
públicas sus conclusiones y sus proyecciones finales.
El plan buscará
duplicar la cantidad de exportaciones, que el PBI per
cápita avance 30%, permitir la creación de 100 mil empresas,
generar en diez años 3,5 millones de empleos (2 millones en relación
de dependencia y otros 1,5 millones de otras modalidades, desde independientes
hasta trabajadoras de casas particulares), bajar la pobreza a la
mitad (a razón de un millón de personas por año hasta 18%) y
la indigencia al 3 por ciento. Estos últimos son los objetivos
“sociales” del plan, que deberán convivir con las metas macroeconómicas
que todavía persisten en el acuerdo con el FMI y que marcan los bordes de la
dirección de la política económica del Gobierno.
La presentación del
programa fue hecha por el secretario José Ignacio de Mendiguren y por
el director de Argentina Productiva 2030 Daniel Schteingart. El proyecto
había sido iniciado por el entonces ministro Matías Kulfas hace un
año. Los supuestos macroeconómicos que implican las proyecciones del plan
incluyen un crecimiento del PBI nominal de 40% en esos diez años, un
nivel de inversión que avance hasta 25% del PBI, y un ritmo de
exportaciones que soporte el aumento de importaciones que acompaña a un ciclo
de crecimiento económico.
El programa,
aseguró De Mendiguren en diálogo con la prensa tras la presentación, buscará
ser discutido con la oposición en pleno año electoral. “Sería bueno que la
oposición se exprese, que este debate aparezca porque va a enriquecer el
diálogo. A diferencia con otros planes, este se trabajó mucho y partió de casos
reales con cosas que estamos haciendo. Primero se debitirá hacia adentro
de la coalición y ver si están convencidos, después el sector sindical, el
universitario. Hay que instalar un debate grande”, dijo el secretario de
Industria.
“Hay
muchos puntos de contacto con oposición, quizás diferencias sobre
cuánto se invierte en distintos sectores y demás. Pero los sectores con
potencial de exportación hay coincidencias”, sumó Schteingart, que aseguró
haber mantenido reuniones con técnicos de la oposición durante la elaboración
de Argentina Productiva 2030.
Los técnicos que
trabajaron en el proyecto aseguran que si bien la sequía tendrá un
impacto en el punto de “inicio” de este plan a largo plazo, por el
efecto que se registrará sobre el nivel de exportaciones, consideraron que se
trata de un proyecto “estructural” que no pierde vigencia ante una
coyuntura difícil. De todas formas, señalaron, una condición primaria para que
este tipo de iniciativas prospere es “la estabilidad macro, sin la cual es
imposible invertir y crecer sostenidamente”.
A grandes rasgos,
el plan productivo 2030 incluye planes de desarrollo para sectores señalados
como decisivos para la generación de divisas como la agroindustria,
energía, minería, industria manufacturera, servicios basados en conocimiento y
turismo. La hoja de ruta prevé que las exportaciones podrían crecer desde
los USD 95.000 millones con que cerró 2022 hasta los USD 181.400
millones.
Algunos sectores
tendrían, en ese sentido, especial relevancia para explicar ese salto
exportador: minería crecería siete veces, minería seis y los servicios
triplicarían su aporte a la balanza comercial. Para sectores fabriles más
tradicionales y con menores horizontes exportadores (textil, calzado,
marroquinería, indumentaria y plásticos) y que requieren altas cantidades de
divisas para importar, el plan prevé una formalización del empleo y un
incremento de la productividad.
La minería podría
septuplicar sus exportaciones en los próximos diez años. REUTERS
En el equipo
económico remarcaron que para que este tipo de programas de largo aliento, que
por su duración, desde ya, requeriría una continuidad durante los próximos dos
mandatos presidenciales, hay una serie de leyes, algunas aprobadas y otras
aún no, que podría preparar el terreno para desarrollar esos sectores.
Entre los proyectos
que faltan tratar en el Congreso en Industria reconocieron algunos como
críticos: electromovilidad (enviada en 2021), hidrógeno, GNL y
promoción hidrocarburífera (los tres en elaboración), ley de grandes
inversiones (existe proyecto de 2019 pero ven espacio a que “sea
mejorado”) para impulsar proyectos en petroquímica,
foresto-industria y otros, y la ley agrobioindustrial (enviada
en 2021).
De Mendiguren
consideró que un año electoral, con un parlamento que podría tener una
actividad aún menor, este tipo de iniciativas tendrán dificultades para ser
tratadas. “Queremos negociar con la oposición, y sino implementar de
alguna forma”, dijo.
Consultado sobre si
hay espacio para sacar ese tipo de iniciativas por decreto, considerando que
algunos de esos proyectos incluyen, por ejemplo, regímenes de estabilidad
fiscal durante muchos años para las empresas, el secretario de Industria
mencionó: “Vamos a analizar opciones, pero no podés estar dos años sin
sacar una ley para traer dólares”. |