Por Joaquín
Lanfranchi - El debate por los efectos de la pesificación forzosa de títulos de
deuda en dólares en manos de organismos públicos no cede. Tras la defensa que
ensayaron el ministro de Economía, Sergio Massa, y el viceministro, Gabriel
Rubinstein, analistas privados criticaron que, además de las condiciones, para
ellos desfavorables, la operación no resuelve uno de los principales problemas,
como es la falta de reservas en el Banco Central. Dudan, además, de que los
inversores privados acepten renovar los sucesivos vencimientos de esos títulos.
A varios días de
lanzada la pesificación forzosa de bonos en moneda dura para los organismos
públicos, se acentúa el debate sobre su efectividad para mitigar uno de los
principales problemas que desvelan a la Argentina: la falta de dólares.
Mientras el equipo del ministro de Economía, Sergio Massa, insiste en defender
la operación (ver aparte), los analistas privados critican que las últimas
medidas no contribuirían a engrosar las magras reservas del Banco Central
(BCRA), que asoma apremiante, no solo por las consecuencias de la sequía en
materia de exportaciones, sino por la proximidad del calendario electoral, que
no suele caracterizarse por la reducción del déficit fiscal.
El impacto de la
sequía ya se estima en una pérdida de entre US$15.000 y US$18.000 millones, la
inflación no cede y, según el Indec, en el primer bimestre el déficit primario
tocó el nivel más elevado de los últimos 30 años (en términos reales),
complicando el cumplimiento de la meta con el FMI.
En este contexto, y
frente al alza de los dólares financieros que encendió alarmas en los despachos
oficiales, el Gobierno lanzó el canje, que consiste en poner en venta los bonos
en dólares que tiene el sector público, incluyendo el Fondo de Garantía de
Sustentabilidad (FGS) de la Anses.
Según la consultora
Ecolatina, “la batería de medidas anunciadas apunta esencialmente a relajar el
programa financiero (frente de los pesos), quitándoles presión a las futuras
licitaciones de deuda del Tesoro”. Sin embargo, “una caída de la tasa de
rollover [el nivel de refinanciación que consigue el Gobierno ante un vencimiento]
implicaría una fuerte emisión del BCRA (por rescates) que presionaría sobre la
inflación y el mercado cambiario (frente de los dólares).
“Si bien también se
busca ganar ‘poder de fuego’ para evitar subas disruptivas en los dólares
financieros y contener así la brecha cambiaria, un impacto positivo sostenido
en el tiempo en este frente es más incierto”, analizaron en la consultora. Y
agregaron: “Estas medidas no generarán un ingreso adicional de dólares a las
reservas del BCRA, por lo cual no resuelven directamente el principal talón de
Aquiles del esquema económico del Gobierno”.
El rol del Banco
Central
Jorge Vasconcelos,
del Ieral Fundación Mediterránea, subrayó “lo oneroso que resulta desprenderse
de títulos que rinden 45% anual en dólares”, así como “la escasa potencia del
instrumento”. En tal sentido, aventuró: “Si se lograra reunir poco más de $1
billón por la venta de estos títulos, esa cifra se compara con vencimientos en
manos del sector privado estimados en $6,2 billones para abril/septiembre”.
Si bien es cierto
que, para entonces, habría demanda por parte de bancos y compañías de seguros
para asegurar parte del rollover, según Vasconcelos, “todo indica que seguirá
siendo necesaria la participación del BCRA en el mercado secundario de títulos
en pesos”. Y agrega: “Si el Banco Central tuviera que volver a actuar como
‘prestamista de última instancia’ del Tesoro, para suplir las deficiencias del
rollover de la deuda, la emisión potencial sería muy elevada, afectando
inevitablemente las expectativas de inflación y la magnitud de la brecha
cambiaria”.
Respecto de los
fundamentos de la medida, en la consultora Fernando Marull & Asociados coincidieron
en que el Gobierno tiene dos objetivos: “Busca controlar el dólar y conseguir
financiamiento. Si llegara a vender todos los US$3500 millones a un dólar MEP
de $390, son $1,4 billones (1,6% PBI). [Por ello], pretende generar demanda de
bancos, empresas e institucionales, lo que incentivaría a generar demanda para
estos bonares”.
Sin embargo,
también pronostican un eventual escenario de falta de demanda privada de estos
bonos, que se subsanaría con la intervención del BCRA como comprador en última instancia.
“Ahí el BCRA podría conseguir dos objetivos: tener demanda para controlar el
precio del dólar paralelo y conseguir fondeo fiscal para 2023”, aseguraron en
la consultora.
“Si bien esta
medida podría ayudarle al Tesoro a cubrir el programa financiero, el costo de
esta estrategia es altísimo. Con este cambio de manos, el sector privado
financiará con pesos indirectamente al Tesoro con bonos que rinden 50% en
dólares. Es una privatización de deuda pública a paridades de default”, opinó
Nery Persichini, de GMA Capital. ß
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