Por Hernán
Cappiello - “Colosal estafa”. “Exorbitante perjuicio económico”. “Un esquema de
corrupción de primera línea del Estado, producto de la codicia por el beneficio
personal”. Estas fueron algunas de las expresiones con las que el Tribunal Oral
Federal Nº 2, a lo largo de un fallo de 1616 páginas, fundamentó la condena a
seis años de prisión por corrupción en la obra pública contra la vicepresidenta
Cristina Kirchner.
Si bien la pena ya
se conocía, ayer se difundieron los argumentos, que les permitieron a los
magistrados detallar el circuito de beneficios especiales que Cristina Kirchner
le otorgó al empresario
Lázaro Báez cuando
era presidenta de la Nación, con el objetivo de beneficiarse económicamente.
Los jueces
siguieron la línea de los fiscales para hablar de una “planificación y
sofisticación magnífica” entre estamentos del Estado, que funcionaron como “un
caballo de Troya” para defraudar.
El tribunal que
condenó a Cristina Kirchner a seis años de prisión e inhabilitación para
ejercer cargos públicos entendió que la maniobra criminal por la cual se
otorgaron obras públicas sin control al empresario Lázaro Báez tenía como
objetivo asegurar el beneficio económico de Néstor Kirchner y de la
vicepresidenta, y que el delito perjudicó al Estado en $84.335 millones.
Tal es así que dio
por probado que ambos tenían negocios juntos, propiedades, alquileres y que se
daba una transferencia de dinero entre el patrimonio de Báez, abultado merced a
la obra pública, y el de la familia presidencial. Tanto creció la fortuna de
Báez que pasó de declarar en 2002 333.288 dólares a declarar en 2014 un total
de 16.065.176 dólares, es decir, un 4720% más.
“Aun sin amistad ni
sociedad formal, el lucro que obtenía Fernández de Kirchner gracias a Báez
resulta más que suficiente para explicar el montaje de semejante operación
defraudatoria”, escribieron.
Los jueces
difundieron las 1616 páginas de los fundamentos en las que explicaron las
razones que los llevaron a considerar a la vicepresidenta responsable del
delito de defraudación contra la administración pública por favorecer a Báez en
las licitaciones de obras públicas en Santa Cruz. Los jueces Jorge Gorini,
Rodrigo Giménez Uriburu y Andrés Basso notificaron a la fiscalía de Diego
Luciani y Sergio Mola, y a los abogados de los acusados, subiendo el documento
a la plataforma digital donde está el expediente.
Los jueces
siguieron la línea argumental que habían ensayado los fiscales en la acusación:
la construcción de Lázaro Báez como empresario de la obra pública, ante la
victoria electoral de Néstor Kirchner, el crecimiento de su grupo, los cambios
en la normativa para dotar de fondos a Vialidad, las obras que ganó con
sobreprecios, el retorno del dinero que recibía Báez al patrimonio de la
familia presidencial, merced a los negocios que tenían juntos y, finalmente, el
desmantelamiento de Austral Construcciones y el cobro de las facturas cuando el
kirchnerismo perdió las elecciones de 2015. “Estamos ante un hecho de
corrupción estatal que como tal socava las legitimidades de las instituciones
públicas, atenta contra la sociedad, el orden moral y la justicia así como el
desarrollo integral de los pueblos”, consideraron los jueces, quienes usaron la
figura del "cabayo de Troya" para graficar cómo se montó la
estructura delictiva dentro del Estado.
“La magnitud de la
empresa criminal aquí investigada supuso una planificación y sofisticación
magnífica, en la que actuaron diferentes niveles administrativos encolumnados
bajo una misma finalidad. Se ha acreditado la intervención en la maniobra de
integrantes de las más altas esferas del Poder Ejecutivo Nacional, de la
Dirección Nacional de Vialidad y de la Administración General de Vialidad
Provincial de Santa Cruz, en connivencia con un empresario de la construcción
dedicado a la obra pública, con el propósito de asegurarle un beneficio
económico tanto a este como a la sociedad conyugal integrada por los ex
presidentes Néstor Carlos Kirchner y Cristina Elisabet Fernández de Kirchner”,
señalaron los jueces. Además convalidaron como prueba los chats extraídos del
teléfono del exsecretario de Obra Pública José López. Los mensajes se
incorporaron al expediente en 2018 y el fiscal Luciani avisó en 2021 que iba a
apelar a ellos. Esos mensajes revelaron cómo Cristina se interesó en el asunto.
“Podemos afirmar
que mediante la tramitación de 51 procesos de licitación pública para la
construcción de obras viales sobre rutas nacionales y provinciales en la
provincia de Santa Cruz, entre 2003 y 2015, tuvo lugar una extraordinaria
maniobra fraudulenta que perjudicó los intereses pecuniarios de la
administración pública nacional en los términos y condiciones establecidos por
la ley penal para habilitar una respuesta punitiva”, argumentaron. Entendieron
que hubo una cartelización de la obra pública provincial y que Báez competía
contra sí mismo, dado que se presentaban en licitaciones, diversas empresas de
su mismo grupo.
“Se evidencia la
existencia de vínculos promiscuos y corruptos entre funcionarios de la
administración pública (nacional y provincial) y las empresas contratistas del
Estado pertenecientes al mencionado grupo empresarial. Lazos que fueron
determinantes para la concreción de una defraudación en la que predominó una
ficta legalidad para instrumentar procesos y decisiones administrativas que
buscaron asegurar y disimular un beneficio ilegítimo a favor de, por lo menos,
dos de las personas imputadas en este proceso (Cristina Fernández de Kirchner y
Lázaro Antonio Báez)”, agregaron. Dijeron que hubo "un interés manifiesto
sobre el plan criminal de la por entonces Presidenta de la Nación Cristina
Fernández de Kirchner, puesto de relieve a través de su participación en los
beneficios económicos -producto del delito- obtenidos por intermedio de
múltiples vínculos contractuales y comerciales con Lázaro Antonio Báez en forma
concomitante a la ejecución de esta maniobra”. “En definitiva, aun sin amistad
ni sociedad formal, el lucro que obtenía Fernández de Kirchner gracias a Báez
resulta más que suficiente para explicar el montaje de semejante operación
defraudatoria". Hablaron de una "inconmensurable conveniencia
económica" que representaba para la vicepresidenta contratar con Báez, lo
que orientó el accionar de la administración en su favor y en contra del
Estado.
Los jueces hablaron
de "colosal estafa", de "exorbitante perjuicio económico" y
de un "esquema de corrupción en la primera línea del Estado, producto de
la codicia por el beneficio personal".
El tribunal quedó
sorprendido por la maniobra: “Nos hemos encontrado ante un hecho inédito en la
historia del país, pues se ha acreditado que ciertas decisiones trascendentales
respecto de la marcha empresarial del grupo fueron adoptadas siguiendo órdenes
expresas de los más altos integrantes del Poder Ejecutivo Nacional".
"Se concretó
un perjuicio descomunal y sin precedentes para las arcas públicas durante el
período analizado”, dijeron y aclararon que no juzgan la decisión política de
realizar las obras, sino el modo en que se decidieron las licitaciones.ß |