Por Claudio
Zlotnik - En medio de la aceleración de la dinámica
inflacionaria en los
productos de la canasta básica, la relación entre el Gobierno y las
empresas se volvió a tensionar. En las últimas horas, el despacho de Matías
Tombolini, secretario de Comercio, fue testigo de un verdadero desfile de
empresas de primera línea.
La principal
preocupación en esos encuentros fue la escasez de divisas, que en la práctica del día a día se
traduce en mayores trabas a las importaciones de insumos para la
producción de productos esenciales.
Desde el lado
empresario, el planteo es que sin una fluidez de las importaciones, a las
compañías les cuesta planificar la producción y cumplir con las
entregas. El pataleo refiere a que, así como en diciembre y enero se
notaba una buena dinámica importadora, las trabas habían vuelto con fuerza
desde finales de febrero.
Tombolini escuchó
los reclamos pero la postura del funcionario es que las importaciones
"vienen bien", con las restricciones que ya se venían aplicando, por
lo que descartó que haya una intención manifiesta del Gobierno de aumentar los
controles a esas compras en el exterior.
El funcionario
retrucó con una cuestión que sensibiliza a los fabricantes: según la
Secretaría, los fabricantes más grandes están desviando productos desde los
grandes supermercados hacia los comercios tradicionales.
La lógica de esa
movida es que, a diferencia de las cadenas, en los pequeños negocios de barrio
no rigen los controles de Comercio, y así las empresas pueden despachar sus
productos más caros que en "Precios Justos".
La disputa de fondo por los dólares
La puja de base es por los pocos dólares que quedan en el
Banco Central. El último informe de la consultora Eco Go asegura que las reservas netas alcanzan apenas a los
u$s1.721 millones. El Banco Central no deja de vender, ante la pobre
liquidación de divisas: ayer perdió u$s66 millones adicionales.
En la secretaría de
Comercio esperan que un total de 600 empresas pasen por el despacho del
secretario en los próximos días.
Las que ya lo
hicieron se quejaron por la escasez de los dólares. En concreto, los ejecutivos
hablan de un incipiente incuplimiento de la promesa oficial: a cambio de
adherir al programa de "Precios Justos" -mantener un congelamiento de
precios de una canasta de 1.900 productos, además de aceptar un tope de
aumentos mensuales del 3,2%-, el Gobierno se comprometía
a entregar los dólares necesarios para importar insumos al tipo de cambio oficial, hoy de $200.
En diciembre y
enero, dicen los empresarios, esa palabra se cumplió. Ahora, en cambio, se
acentuaron las validaciones de las SIRA (Sistema de Importaciones de la
República Argentina).
Anoche, el
Ministerio de Economía sacó un comunicado cruzando a los empresarios. "Se
aprobaron 236.717 solicitudes presentadas a través del SIRA por parte de
empresas, equivalente al 75% del total de los trámites formulados en los
últimos cinco meses" aseguró el Gobierno.
Desde empresas de
primera línea consultadas por iProfesional advirtieron que, en este contexto,
"se nos complica la planificación para producir y por eso no podemos
cumplir con los pedidos de nuestros clientes".
"No podemos cumplir con el volumen de "Precios
Justos", aseguran desde otra compañía pidiendo mantener
la reserva de la identidad para evitar cruces con el oficialismo.
Tensión por los precios: la verdad del desabastecimiento
El cuestionamiento
de los empresarios se vincula con la aceleración inflacionaria de las
últimas semanas, justo
después de la rúbrica del último acuerdo. Para los ejecutivos, es muy
complicado asegurar la provisión de los productos con una pauta de aumento
mensual del 3,2%, que ahora se queda a mitad de camino de la inflación general.
Lo peor es que lo
que más viene en aumento son los alimentos. Y no solamente las carnes. De
ahí la advertencia de las empresas del sector.
Frente a esta
situación, las empresas vienen tomando distintas medidas para evitar los
controles.
La más común es
el desvío de productos de los supermercados (donde están los
controles del Gobierno) hacia los comercios donde éstos no existen
(autoservicios y almacenes de barrio).
Por eso mismo, en las góndolas de los supermercados
faltan productos. Las empresas entregan menos porque
esos artículos aumentan la mitad que la inflación.
La diferencia de
precios entre los productos que se venden en los comercios tradicionales -de
barrio- y los que se ofrecen en las góndolas de los supermercados es cada vez
superior.
Un informe de la
consultora Scentia -especializada en consumo masivo- da cuenta de que el
diferencial de precios de los alimentos y bebidas, y también en los artículos
de limpieza y aseo personal se encuentra en su máximo histórico.
Como nunca antes,
desde la aparición de las cadenas internacionales de supermercados en los años
90, la brecha de precios fue tan amplia como ahora.
De acuerdo a Scentia, los precios de los almacenes y
autoservicios son alrededor de un 33% más caros,
en promedio, que en las grandes cadenas de supermercados.
La brecha suele ser
incluso más amplia en aquellas categorías que tienen un mayor control por parte
del Gobierno.
Esa diferencia se
amplió en los últimos tiempos, a medida que se hizo más exhaustiva la
regulación estatal sobre las cadenas de supermercados, que es donde se pueden
conseguir los productos de "Precios Justos" (congelados ahora hasta
el mes de junio), y que -además- cuentan con un acuerdo entre el Gobierno y los
empresarios para que el aumento mensual nunca supere el 3,2%. |