Por Gustavo
Marangoni - Rosario, punto neurálgico de la vida económica, cultural, social y
política de la Argentina, se fue tornando, de manera abrumadora, en un sinónimo
de criminalidad y narcotráfico.
Los reiterados
testimonios de familiares y víctimas le fueron poniendo nombres propios e
historias de vida (y muerte) a las estadísticas. Los graves hechos de las
últimas semanas proyectaron el problema más allá de nuestras fronteras y
de los límites de la paciencia de la opinión pública.
Lo que hasta hace
unos días era percibido desde el Gobierno nacional como un problema casi
exclusivo del gobierno santafesino y su fuerza policial, evolucionó al reconocimiento de la necesidad de "hacer algo más".
La culminación del cambio se materializó en una cadena nacional
presidencial que, con el propósito de "combatir el crimen
organizado", anunció el incremento de fuerzas de
seguridad nacional, la instalación de cientos de videocámaras, un convenio para
instalar una delegación de la UIF (Unidad de Información Financiera) y la
presencia de una compañía de ingenieros del Ejército
Argentino para colaborar en tareas de urbanización.
La cadena de
derechos y deberes, amenazada
En este contexto –y
con una campaña electoral en pleno desarrollo– resulta voluntarista pretender
que "el tema no se politice", aun cuando se entienda que quienes
sostienen ese punto de vista se refieren a evitar la partidización de la
cuestión, lo cual también luce improbable. La demanda de
seguridad hace años que encabeza las preocupaciones de la ciudadanía y la
naturaleza del problema remite a la esencia del contrato social. Aquí y en
cualquier geografía, el pacto inicial entre gobernados y gobernantes refiere al
consentimiento que dan los primeros a los segundos a cambio de recibir la
debida custodia de la integridad física y el derecho de propiedad. Si este
primer eslabón se resiente, toda la cadena de derechos y deberes se ve
amenazada.
El tema rápidamente
escapa a los (pocos) especialistas para instalarse en la calle, los medios y
las redes, alimentado por el miedo de unos y la búsqueda de posicionamiento de
otros. La voz de los vecinos de la ciudad, los opinadores de turno, el debate
entre garantistas y "manoduristas" y los editoriales periodísticos se
combinan con exigencias cruzadas entre autoridades nacionales, provinciales y
municipales, sospechas generalizadas respecto de todos los poderes del Estado y
la incorporación del caso Bukele en El Salvador con su "estrategia"
para enfrentar a las maras como ejemplo a seguir.
¿Hará lo propio
la vicepresidenta? Entre clamores por el "Luche y vuelve", el próximo viernes CFK será
distinguida por la Universidad Nacional de Río Negro con el título de Doctora Honoris Causa
y ya adelantó que para la ocasión brindará una disertación: "Hegemonía o
consenso" Ruptura del pacto democrático en una economía bimonetaria.
Inflación y FMI, crisis de deuda y fragmentación política".
¿Una nueva
interna por el uso del Ejército?
Como se puede
observar, el temario es amplísimo, casi planetario, pero no invoca directa o
indirectamente la cuestión de la seguridad. ¿Mostrará los reflejos de su
compañero de fórmula o no se desviará de la exposición y el PowerPoint que ya
debe tener casi listo? En caso de decidirse a sumar algún slide adicional, cabe
alimentar expectativas acerca de si respaldará la iniciativa presidencial
de incluir al Ejército en tareas logísticas vinculadas al combate del
delito o presentará algún reparo al respecto.
"Cabe
alimentar expectativas acerca de si Cristina respaldará la iniciativa presidencial
de incluir al Ejército en tareas logísticas vinculadas al combate del
delito".
Paradojas de la
historia: justo cuando la democracia cumple cuarenta años vuelve a escena una
vidriosa discusión. Más allá del preocupante entusiasmo que genera en ciertos referentes
de Juntos por el Cambio y el Frente de Todos involucrar a los uniformados en
tareas que la ley vigente no permite, los principales preocupados deberían ser
los miembros de las FFAA, quienes necesitaron mucho tiempo para reconvertirse
en una institución respetuosa de la Constitución y respetada por la comunidad.
El flagelo
narco-criminal que azota a los rosarinos con especial saña y al resto de
argentinos, con creciente intensidad, exige la coordinación de esfuerzos
entre los tres niveles de gobierno (Nación-provincias-municipios) y los
tres poderes del Estado (Ejecutivo-Legislativo-Judicial). Es la hora de la
eficacia y la cooperación para derrotar esta amenaza y aumentar la confianza
entre política y ciudadanía. Nunca más peligrosos los efectismos que en esta
cuestión. |