Por Francisco
Olivera Con la colaboración de Erika Gonçalves - Lo primero que dicen quienes
han entrado en el sistema es que funciona. Y con rapidez, como pocas cosas en
el Estado argentino. “Sale o sale”, describen con sorna. Con el cepo y la
escasez de dólares, y delante de la vista de los funcionarios del Ministerio de
Economía, la AFIP y la Aduana, recrudeció en los últimos meses uno de los
peores hábitos del comercio exterior: una cadena de gestores que, a cambio de
pagos que van del 6 al 20% al valor del blue de la mercadería y en efectivo,
ofrecen a empresas la posibilidad de conseguir del Gobierno autorizaciones para
importar a la cotización oficial. Oro en polvo en un país sin divisas.
Sobornos, en otras
palabras. Despachantes y empresarios lo describen ya como “un festival”. Que
acaso empezó hace tiempo, pero que se fue agravando en los últimos seis meses
al ritmo de la restricción externa y por doble vía: a mayor desesperación por
conseguir dólares, suben las ofertas y los montos requeridos. El tema, que
obligó al propio Palacio de Hacienda a hacer una denuncia hace tres semanas,
aparece en casi todas las conversaciones de empresarios e incluso perturba a
algunos funcionarios del Gobierno. Se habló de manera informal en la Unión
Industrial Argentina y en entidades del conurbano. En la Unión Industrial de
Berazategui, por ejemplo, donde son mayoría las pymes, el sector que suelen
elegir los intermediarios, tal vez porque está menos expuesto.
Constatar la
existencia del sistema es muy sencillo. Basta con preguntarles a los
protagonistas del sector y el juego queda claro. “Vas a la farmacia a comprar
aspirinas y te ofrecen sacar SIRA [Sistema de Importaciones de la República
Argentina]”, bromeó un despachante. Se paga, en dólares y en efectivo, un
porcentaje del valor FOB (free on board, ya sobre el barco) de la mercadería a
cambio de las autorizaciones del Gobierno, que salen en 24, 48 o 72 horas,
según la destreza del gestor. No mucho más. El dilema tienta hasta a quienes
nunca pagan. “Si no les pagás, no podés trabajar, y si pagás, sos un forro
corrupto: muy difícil, te diría –agregó un importador de la provincia de Buenos
Aires–. Yo por ahora aguanto, pero si son esas las condiciones, tendré que
entrar o cerrar el negocio. No sé”.
Engeneralcasinadieadmitehaber
pagado. Siempre es “un cliente”, “un amigo”, “un proveedor”. Pero todos dicen
que les consta, y varios, que han rechazado ofertas. ¿Cómo es la propuesta y
quién la hace?, preguntó la nacion a un fabricante al que, cuenta, le pedían
15%. “No es de manera tan directa: te mandan uno que te sondea, te beatifica y
después aparece otro”, contestó, y agregó que, en su caso, el operador era un
despachante que trabaja con grandes empresas radicadas en Córdoba.
A veces, a pesar de
la desesperación, algunos dudan de atravesar ese umbral porque temen que no
haya retorno: ¿estarán condenados a pagar eternamente? Hay que prestarles
atención también a las publicidades que aparecen en las redes sociales para
facilitar el permiso, que el sector conoce como “siras” o, en el caso de los
servicios, “sirase”.
En el grupo de
Facebook Despachantes de Aduana y Comercio Exterior en Argentina, que tiene
6500 seguidores, apareció hace unos días este posteo: “Si sos importador, o
despachante, y necesitás aprobar tu SIRA, HABLAME. 13% valor FOB, 48/72hs.
También se aprueban SIRASE al 15% del valor”, dice el texto, que consigna dos
teléfonos con los que la nacion intentó comunicarse: en ambos, una grabación
propone consignar el número y esperar el llamado.
Detenerse en los
chats de WhatsApp del sector resulta también ilustrativo. Este diario fue
testigo hace dos semanas de una conversación entre un importador y un
consultor. “Te aviso a vos, que te rompí los huevos por esto. Me aprobaron la
SIRA de la mercadería que tengo en el depósito fiscal. 15% en billete, en 48
horas me la aprobaron”, empezó uno de ellos. “Hijos de mil puta. ¿De dónde
salió el que te pidió?”, se exasperó el otro. “Contacto del despa 4300 a la
SIRA y 2000 a marcas. 6300 por una impo de 29.000”, contestó quien había
iniciado el diálogo. “Marcas” es una área de la Aduana que verifica lo que se
declara en los despachos o en el puerto.
El Gobierno está al
tanto. Lo prueba en primer lugar la denuncia que, hace tres semanas, Sergio Massa
hizo después de que un empresario le contó la existencia de estas prácticas, a
lo que se deberían agregar otras dos o tres nuevas denuncias que el ministro de
Economía prepara para los próximos días. La primera causa, que quedó a cargo
del juez Julián Ercolini y el fiscal Eduardo Taiano, derivó en la detención de
dos intermediarios que fueron excarcelados horas después. Según fuentes
judiciales, los investigadores llegaron a ambos simulando interés, con un
señuelo de 2000 dólares. Aunque la causa sigue, las picardías tampoco se
frenaron: una semana después, la nacion verificó operaciones bajo la misma
modalidad.
La Justicia tuvo
hasta ahora pocos avances. No logró todavía, por ejemplo, dar con la otra parte
del circuito: los funcionarios que, a cambio de lo que reciben, autorizarían.
Lo que sí es constatable es la proliferación de facilitadores que consiguen lo
más difícil, que es la aprobación simultánea de la Secretaría de Comercio, la
Aduana y la AFIP.
En el Palacio de
Hacienda niegan tener algo que ver con las irregularidades. “Los despachantes
les están haciendo el cuento del tío a las empresas”, afirman, y agregan que
entre octubre y febrero pasados se autorizó un 11% más de SIRA que en el mismo
lapso de un año atrás y que estos trámites salen en los plazos establecidos: 60
días para las pequeñas empresas, 90 para las medianas y 180 para las grandes.
“Si hay empresarios que tienen sospechas o recibieron propuestas de coimas,
vengan a contarnos y vamos a hacer la denuncia juntos: pero ellos tienen que poner
la cara”, advierten.
De todos modos, es
difícil pensar que el permiso triple salga sin una mínima coordinación. Desde
el 17 de octubre, a través de la resolución 5271, el Gobierno cambió la
modalidad que regía hasta ese momento, llamada Sistema Integral de Monitoreo de
Importaciones (SIMI), por otro que pretende ser más ordenado, el Sistema de
Importaciones de la República Argentina (SIRA). La nueva normativa, que les
permite a las empresas seguir la trazabilidad del trámite online, establece
plazos de entre 60 y 180 días para importar y crea a su vez un comité de
evaluación de las operaciones: lo integran la Secretaría de Comercio, la AFIP y
el Banco Central. Existe, por lo tanto, un control mucho más exhaustivo sobre
lo que se aprueba y lo que se rechaza. ¿Vuelan tantas moscas sin que lo sepan
Massa o Matías Tombolini, su secretario de Comercio? ¿No lo advirtieron los
encargados de relacionarse con las empresas, tarea que operativamente recae en
Juan Fernández Díaz, jefe de Gabinete, y Germán Cervantes, subsecretario de
Política y Gestión Comercial?
Si, como dice el
Gobierno, son los despachantes los que aprovechan para cobrar trámites que
saldrían de todos modos, ¿por qué hay empresas que siguen sin poder importar?
Jorge Castillo, dueño de Norenplast, una fabricante de incubadoras, máscaras y
planchas elaboradas sobre la base de poliuretano instalada en La Matanza, dice
que estuvo 103 días sin que le aprobaran la compra de un solo gramo de
monómero, decisivo para producir, y que el mes pasado tuvo que echar a 12 de
los 134 empleados que tenía. Dice que nadie le ofreció, pero que tampoco
pagaría a intermediarios para poder trabajar. “En los últimos diez días me
aprobaron algo, pero si sigo así en julio voy a tener que cerrar”, dice a La Nación.
Hay que admitir que
el Estado argentino es complicado. Aunque centralizada, la aprobación de
importaciones depende de un vasto universo burocrático y cada dependencia tiene
sus tiempos y su impronta. En la AFIP y en la Aduana, donde conducen Carlos
Castagneto, que obedece a Cristina Kirchner, y un massista, Guillermo Michel,
respectivamente, la cuestión es bastante menos vertical y, por lo tanto, más
engorrosa. Existe ahí, por lo pronto, un elenco estable en el que conviven
intereses de múltiples sectores políticos, principalmente del PJ o La Cámpora.
Un ejemplo es Mariano Abruzzese, hijo de Beatriz Paglieri, secretaria de
Comercio Exterior de la última presidencia de Cristina Kirchner. Abruzzese
acaba de ser relevado semanas atrás del cargo de subdirector general de
Operaciones Impositivas Metropolitanas, pero sigue influyendo: ahora es asesor
de Virginia García, directora de la DGI, excuñada de Máximo Kirchner y
exsenadora de Santa Cruz.
La detección de un
canal paralelo de aprobaciones podría ser explosiva no solo desde la óptica de
la transparencia, sino porque además se agrava la escasez de dólares. Hace
meses que al Gobierno le preocupan las medidas cautelares mediante las cuales
las empresas obtienen divisas para importar. Alberto Fernández lo admitió la
semana pasada en el Congreso. Y ya el propio Michel se lo habría transmitido a
fines del año pasado a jueces en lo contencioso administrativo en un desayuno.
Consultados, en la
Aduana negaron a la nacion la reunión. Sin embargo, desde entonces, ya casi no
salen cautelares. El stock, dijo esta semana la dependencia, no supera los 23,5
millones de dólares, apenas 1% del monto original vigente a octubre del año
pasado. El freno a las cautelares obedece en parte a que el cambio de sistema
de SIMI a SIRA, dicen en los juzgados, volvió “abstractos” los antiguos
reclamos y los interesados deberían volver a iniciarlos. Pero también a que, en
simultáneo, y a través de la resolución 5271, la AFIP y la Secretaría de
Comercio limitaron más las autorizaciones para aquellos empresarios que
hubieran ido a la Justicia. “Uso abusivo de cautelares” es la respuesta que les
da el sistema cuando rechaza los pedidos y, al mismo tiempo, inhibe el CUIT
para futuras operaciones. Como si todo estuviera coordinado. ß
“Los despachantes
están haciendo el cuento del tío”, se defienden los funcionarios
Economía anticipa
que hará nuevas denuncias judiciales
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