Alberto Fernández
defendió su gestión y remarcó lo que considera que son logros de un gobierno
atravesado por la pandemia y la guerra
Por Joaquín Mugica
Díaz - Cuando Alberto Fernández se fue del Congreso decidió invitar a
su círculo de colaboradores más chicos a almorzar en su despacho, en la Casa
Rosada, para analizar y hacer un balance de su discurso. En la mesa se sentaron
la Portavoz, Gabriela Cerruti; el Jefe de Gabinete, Agustín Rossi; el
vicejefe de Gabinete, Juan Manuel Olmos y el secretario de la
Presidencia, Julio Vitobello.
Hubo satisfacción
por la defensa de la gestión en forma detallada. Fue ese mensaje, con números y
precisiones, el que también dejó conforme a los ministros del Gabinete, que
hace tiempo protestan porque la interna del Frente de Todos se come
lo que consideran que son los logros de la gestión.
“El balance es
totalmente positivo. Se puso en valor la gestión y se marcó el rumbo”, aseguró
uno de los funcionarios más cercanos al Presidente, que se quedó conforme con
haber expresado todos sus cuestionamientos a la Corte Suprema con Horacio
Rosatti y Carlos Rosenkrantz sentados a pocos metros.
“Estuvo muy
enfocado y decidido a contar su gobierno, pero reconociendo todo lo que queda
por hacer”, sintetizó un importante ministro. El Presidente defendió con uñas y
dientes su gestión, aunque evitó aprovechar el discurso para anunciar medidas
concretas, como ha hecho en otras oportunidades.
El Presidente
embistió contra la justicia federal y la Corte Suprema (AP Foto/Natacha
Pisarenko)
En uno de los
despachos oficiales resaltaron “el nivel de detalle de las cosas que se
hicieron pese a las dificultades” y lo que mostró vinculado “al crecimiento del
PBI, el empleo y la inversión”. “Hizo un resumen del período que le tocó
gobernar con enormes condicionantes y grandes logros en función de eso”,
señalaron.
Puertas adentro de
la Casa Rosada hay “absoluta conformidad” con cómo salió el discurso, con la
forma en que el Jefe de Estado interpretó el guión estudiado durante la jornada
de ayer, en la Quinta de Olivos, junto Cerruti, Rossi y Olmos.
Fernández alambró
su gestión en forma discursiva con el fin de mostrarse compacto, sin fisuras,
pese a que su gobierno está completamente atravesado por la grieta interna. Esa
división ha perjudicado el andar de la gestión y le ha desgastado la autoridad,
pero aún así, en la asamblea de hoy, buscó empatizar con la
sociedad mostrando algunos logros puntuales.
A lo largo de su
discurso puntualizó en un caso específico de progreso y lo hizo mirando a un
palco donde estaban sentados los protagonistas de ese caso. La idea de destacar
los logros de la gestión de esa forma fue de Cerruti, que siguió de cerca los
detalles del extenso discurso y su ejecución en el recinto. En los últimos
días le pidió a cada ministerio que le marcara una política central de la gestión
y un protagonista.
Con todos lo
nominados sentados en un palco, el Presidente empezó a repasar y detallar los
casos específicos. Nombró a un ex combatiente de la guerra de Malvinas que se
pudo jubilar gracias a un régimen especial, a un trabajador de una compañía
argentina de biotecnología que sostiene un proceso de inversión en el país y a
una mujer que pudo obtener, junto a su familia, una casa propia, entre otros
ejemplos que fue destacando a lo largo de las casi dos horas de discurso.
En Balcarce 50
resaltaron la “solidaridad” que hubo con Cristina Kirchner a pesar de no
haber hablado de “proscripción” como quería el kirchnerismo. El
Presidente buscó una forma distinta de expresarlo que no tenga el mismo impacto
que el término que se busca instalar desde el corazón K. Habló de
“inhabilitación política”, lo que resultó ser un guiño para la Vicepresidenta.
“Una palabra no
hace la diferencia”, destacaron cerca del jefe de Estado. El objetivo se
cumplió. Fernández no se movió ni una coma de su idea principal que era apuntar
con dureza contra la Corte Suprema, asegurar que Cristina Kirchner está siendo
perseguida y defender la gestión como símbolo de su conducción en el Gobierno.
En un tono más
picante y con cierta ironía, un funcionario nacional defendió la decisión
presidencial. “La Cámpora está huyendo de la palabra proscripción, ¿si no cómo
levantan la candidatura de CFK?”, se preguntó, haciendo referencia al operativo
clamor para que la Vicepresidenta compita en las próximas elecciones.
El Presidente evitó
referirse a una posible candidatura para buscar la reelección
Otro funcionario
resaltó la “cohesión que hubo con lo que expresa el Frente de Todos” ya que
Fernández señaló “la injerencia de la Corte en la independencia del Poder
Judicial” y planteó “los temas que el Congreso no trató” respecto a la agenda
judicial que tiene el oficialismo. “Habló en representación de la base de
sustentación del gobierno”, indicó.
Desde el despacho
de uno de los ministros más cercanos al Presidente destacaron cuatro ejes
fundamentales del discurso en el Congreso. “Mostró los puntos fuertes de la
gestión con números concretos, arrinconó a Juntos por el Cambio en suelo
porteño y no metió la pata”, expresaron, con un dejo de gracia.
Durante todo su
discurso Alberto Fernández no dio ninguna señal electoral. No se bajó de
su candidatura ni inclinó la cancha hacia un candidato específico. Lejos de
hacerlo, resaltó cada dato de su gestión como una forma de capitalizar esos
logros en su conducción. En definitiva, su gestión de gobierno es la única
plataforma electoral que tiene para soñar con una reelección. INFOBAE |