Por Javier Blanco -
Luego de las ventanas del dólar soja, en medio de una fuerte sequía que afecta
al campo y en una dinámica alentada por la brecha cambiaria, el Banco Central
(BCRA) vendió US$889 millones el mes pasado y tuvo el peor febrero en 20 años
para sus reservas. El número fue negativo pese a que en las últimas 48 horas
había logrado recomprar US$53 millones (ayer fueron 20 millones) en sus
intervenciones sobre el mercado para contener la escalada de la cotización.
La venta neta
mensual más elevada para un febrero se había dado en 2015 –también en época de
cepo y marcado atraso cambiario–, cuando totalizó unos US$400 millones.
El dato se conoce
en medio de las negociaciones entre el equipo del ministro Sergio Massa y el
FMI para flexibilizar las metas de acumulación de reservas de 2023, hoy
inalcanzables para el Gobierno.
El Banco Central
(BCRA) cerró previsiblemente ayer el peor febrero de los últimos 20 años con
relación al impacto que sus intervenciones sobre el mercado –para intentar
mantener bajo control el tipo de cambio oficial– tienen sobre su tenencia de
reservas internacionales.
Lo hizo pese a
asegurarse en la última rueda de negocios del mes otra recompra por unos US$20
millones, lo que le permitió recuperar unos US$53 millones en dos días. Había
adquirido unos US$33 millones anteayer, ligados a un ingreso puntual por la
emisión por parte de una empresa de una obligación negociable (ON) en el
exterior.
Esos ingresos de
las últimas 48 horas, sin embargo, no evitaron que sacrifique unos US$889
millones a lo largo del mes. Esto supuso el peor saldo para un mes de febrero
desde la creación del aún eufemísticamente denominado Mercado Libre y Unido de
Cambios (MULC) hace poco más de 20 años. El dato, no por descontado –dada la
tendencia que venía mostrando el mercado–, amerita ser despreciado.
Después de todo, la
historia del MULC en ese lapso muestra que el saldo de intervenciones del BCRA
para el segundo mes del año fue por 10 años favorable (lo cerró con recompras
netas que en cuatro de ellos superaron los US$900 millones), por dos años resultó
neutro (2017 y 2018) y solo por los restantes ocho fue deficitario.
Sin embargo, la
venta neta mensual más elevada en ese período se había observado en 2015
(también en época de cepo y marcado atraso cambiario), cuando totalizó unos
US$400 millones, según consta en los registros oficiales.
Eso deja a la vista
que el déficit actual fue más de dos veces mayor ( 122%).
Incluso, aun si se
computan los US$262 millones usados para el pago anticipado de una importación
de GNL (operación concretada a mediados de mes y que bien puede describirse
como “extraordinaria”) y el saldo negativo baja hasta los US$627 millones, se
mantiene como el peor registro para un mes de febrero en la historia del MULC.
La caída es más
importante aún si se considera al total de reservas que reporta la entidad que
conduce Miguel Pesce: la tenencia bruta (compuesta en casi 90% por distintos
tipos de préstamos), que venía de cerrar el año pasado en US$44.598 millones,
cerró febrero por debajo de los US$39.000 millones, con un retroceso del 12,5%
promedio.
Una tendencia
preocupante
“En febrero, el
BCRA sigue empeorando su hoja de balance, ya que hay un aumento de su pasivo y
una reducción de su activo, porque siguió vendiendo reservas y apenas logra
tener reservas netas por menos de medio punto del PBI, mientras su deuda
remunerada [N.de la R.: que ya supera los $11 billones] no deja de crecer”,
hizo notar la consultora LCG en un informe al respecto. “Esto seguirá
sucediendo mientras la demanda de pesos en términos nominales no crezca igual o
más que la emisión por intereses que debe hacer. De esta forma, los pasivos
remunerados siguen incrementándose y así aumenta el costo de la actual política
monetaria mientras las reservas caen. El efecto conjunto del aumento del pasivo
y la reducción del activo deja como consecuencia un ratio de convertibilidad
del patrimonio del BCRA entre pesos y dólares a una razón de $414, valor
incluso ligeramente más elevado que el dólar libre”, apuntaron en la
consultora.
Los números y el
cuadro de situación actual (considerando el impacto que podría tener la sequía)
explican el interés que el Gobierno tenía en recalibrar la meta de acumulación
de reservas pactada en el acuerdo con el FMI, algo que habría logrado la
delegación argentina, encabezada por el ministro de Economía, Sergio Massa, en
los contactos sostenidos durante el último G-20.
Ese relajamiento,
que sería por unos US$2000 millones según algunos trascendidos, haría caer el
objetivo de US$7700 millones a unos $5700 millones. De ser así, eso implicaría
que el BCRA debería encontrar el modo de sumar entre US$1200 y US$1500 millones
a la tenencia neta con la que cerraría febrero. Según el economista Fernando
Marull, la misma estaría debajo de los US$4200 millones al cierre de la semana
pasada cuando publicó su último informe semanal.
Por lo pronto, la
última vez que el BCRA pudo cerrar con saldos favorables fue cuando estimuló
parte de la oferta privada, dando la posibilidad de pagar la soja con un dólar
diferencial, en septiembre y finales de noviembre y diciembre pasado.
El cierre en rojo
se confirmó tras una rueda en la que el volumen operado en el segmento de
contado escaló hasta los US$475,4 millones y en la que el Banco Central
permitió otro avance de $0,34 para el dólar mayorista, que cerró a $196,95/197,15
por unidad para compra y venta, respectivamente.
Así su cotización
avanzó $10,15 a lo largo del mes, lo que implica una tasa de devaluación
oficial del 5,428% para el peso, que así se depreció 11,284% contra el dólar
estadounidense en el primer bimestre del año. Dicho ajuste, que podría resultar
por segundo mes menor a la inflación, afectó a la ya castigada competitividad
del peso, que cayó de 96,3 a 95,7 puntos (el valor de equilibrio es 100 y la
administración Fernández había asumido con 124 puntos), es decir, en 7 décimas
más, según el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (Itcrm) que publica el
propio BCRA. ▪ |