Por Cecilia Devanna
- En 2022, la Argentina no presentó cambios respecto del año anterior en el
Índice de Percepción de Corrupción que elabora la ONG Transparencia
Internacional (TI): sobre 100 puntos posibles obtuvo 38. La única modificación
fue en el puesto que ocupa el país, que pasó del 96 al 94, pero solo por
cambios en otros países, no por mejoras propias. Se encuentra en una ubicación
semejante a la de Marruecos, Etiopía, Brasil, Moldavia y Colombia.
“Estamos estancados
y, como siempre, aplazados”, dijo a la nacion Delia Ferreira Rubio, presidenta
de TI. Explicó que se ven “casos de corrupción, denuncias de periodistas, de
organizaciones civiles y que sobre ellos hay un gran manto de impunidad. Y eso
genera percepción de que la corrupción es muy alta en la Argentina”. Ubicó como
“telón de fondo” para la corrupción el “deterioro de la calidad de las
instituciones, ataques a la independencia judicial y falta de seguridad
jurídica”.
En la misma línea
se expresó Marcelo Bermolén, director del Observatorio de Calidad Institucional
y profesor de la Escuela de Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de
la Universidad Austral. Consideró que “la Argentina vuelve a ser aplazada en la
lucha anticorrupción en un marco de estancamiento, anomia y luchas internas de
poder”.
Bermolén agregó que
con la ubicación en la que quedó en el ranking, “la Argentina se mantiene en el
pelotón de países latinoamericanos relegados, junto a Colombia y Brasil, muy
por debajo de los líderes de la transparencia latinoamericana, que siguen
siendo Chile y Uruguay; solo Venezuela y Paraguay muestran peores resultados”.
Entre 2020 y 2022,
la Argentina retrocedió 18 casilleros en el índice anticorrupción de TI y quedó
ubicada en el puesto 96 entre 180 países. A su vez, en 2020 ya había perdido 12
puestos en el ranking mundial.
El índice, donde la
mejor puntuación es 100 y la peor, 0, califica a los países según el nivel de
percepción de la corrupción en el sector público, construido a partir de datos
de siete fuentes externas: encuestas y evaluaciones realizadas por varias
instituciones que incluyen a especialistas en la materia, empresarios y
consultoras.
En la Argentina no
se observan cambios durante los últimos años “producto de que no se han llevado
adelante políticas innovadoras en materia de lucha contra la corrupción, y el
tema no está dentro de la agenda pública del gobierno”, señala Pablo Secchi, de
la ONG Poder Ciudadano.
En su análisis,
Secchi indicó que “se podría destacar como positivo el avance en políticas de
integridad del Ministerio de Obras Públicas, especialmente lo relacionado con
el Mapa de Inversiones, y el Registro de Integridad y Transparencia para
Empresas y Entidades (RITE) impulsado por la Oficina Anticorrupción (OA) con el
apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para contribuir al desarrollo y
mejora de los programas de integridad, el intercambio de buenas prácticas y la
promoción de ambientes transparentes en negocios y mercados”.
Ante la consulta de
la nacion por la ubicación del país en el ranking, no hubo respuesta oficial
del gobierno de Alberto Fernández.
Oficina sin jefe
El rol de la
Oficina Anticorrupción (OA), dependiente del poder de turno y caracterizada por
no emitir más que recomendaciones frente a sospechas de corrupción, no está
exento de la mirada de los expertos. “Fracaso coronado con la reciente salida
de Félix Crous como titular de la OA, en la práctica una institución
dependiente del poder que se reduce a formalizar meras recomendaciones”, resalta
Bermolén. El especialista destacó: “Mientras la energía del Gobierno está
puesta en sitiar a la Corte Suprema y propiciar la exoneración de sus
dirigentes, la sociedad mantiene a la corrupción en el podio de los problemas
más severos que afectan a la Argentina, detrás de la inflación y la situación
económica del país”.
Mientras que la OA
está acéfala desde la salida de Crous, a finales de 2022, el avance contra la
Corte suma capítulos en el Congreso. “Es un aspecto preocupante el
enfrentamiento constante entre el Gobierno y la Justicia que terminó con el
pedido de juicio político a la Corte”, destacó Secchi. También subrayó como
otro aspecto que atenta contra la situación local en materia de corrupción el
hecho de que el Congreso no haya avanzado “con la prometida reforma de la ley
de ética en el ejercicio de la función pública, ni con la de obras públicas”.
Ferreira Rubio sí
destaca como un punto positivo el hecho de que se haya logrado una veredicto
condenatorio en la causa Vialidad, que llevó a Cristina Kirchner a juicio oral
y público.
Bermolén también
consideró que, en materia de calidad institucional, “los avances son
esporádicos, vinculados a exigencias internacionales, crisis políticas,
escándalos o tragedias que exponen las debilidades y falencias de un sistema
que facilita la impunidad”.
Los primeros de
la lista
A nivel global, el
ranking es encabezado por Dinamarca, con 90 puntos, seguido por Finlandia y
Nueva Zelanda, con 87 puntos cada uno. Las peores posiciones fueron de
Venezuela, con 14 puntos; Siria y Sudán del Sur, con 13, y Somalía, con 12. En
el top ten de países con los mejores estándares en lucha anticorrupción están
Noruega, Singapur, Suecia, Suiza y los Países Bajos. Estados Unidos se ubica en
el puesto 24, y el Reino Unido, en el 20.
Ferreira Rubio
introdujo como punto central en el ranking “la diferencia en cómo reaccionan
ante la corrupción” los distintos países y los niveles de tolerancia que
presentan las sociedades frente a esos hechos. Como ejemplo, señaló lo que
sucedió en el Reino Unido y la Argentina frente a las fiestas que en plena
cuarentena por Covid-19 encabezaron sus líderes, Boris Johnson y Fernández,
respectivamente, y las consecuencias que tuvieron cada uno. Para el primero
marcaron el principio del fin de su gestión, mientras que para el segundo la
crisis derivó en el pago de una multa. |